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¿Cómo enseñar a los niños a expresar las emociones?

Por Grupo Musarte
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aprender a expresar las emociones

Si a veces las emociones son difíciles de entender en la vida adulta, para los niños es todavía una tarea más compleja ya que ellos aún ni les ponen nombre. Por eso, saber expresar las emociones es fundamental para tener un buen desarrollo emocional y un equilibrio mental para trabajar todo tipo de valores como la empatía, la sinceridad o la comprensión.

Hace poco te hablamos del papel que juega la educación emocional en nuestras vidas y resaltábamos que se trata de un concepto complejo y en continua y permanente evolución dentro del desarrollo de la personalidad integral de cada persona.

Por ello, lo primero que debemos tener en cuenta es que para saber expresar las emociones primero hay que comprenderlas y entenderlas. Reír y llorar forman parte de nuestras emociones más comunes, pero hay otros muchos tipos de relaciones como la alegría, la tristeza, la admiración, el aburrimiento, el amor, la confusión o la calma que se establecen dentro de nosotros mismos constantemente ante determinados estímulos.

La respuesta que ofrecemos desde dentro de nosotros mismos ante estas señales es, precisamente, la más importante para entender mejor cómo nos sentimos en determinadas situaciones. Cuando un niño -o un adulto- reconoce sus emociones sabrá comunicarse mejor consigo mismo y con los demás.

¿Por qué es bueno ayudar a tu hijo a expresar las emociones?

Si tu hijo es capaz de hablar sobre cómo se siente contigo es muy probable que estés ayudándole a desarrollar sus habilidades emocionales y cognitivas.

Aunque el modelo educativo actual no profundiza en la educación emocional, desde Grupo Musarte estamos convencidos de que el desarrollo de las personas y su felicidad dependen en gran parte de ayudar a los niños a saber expresar cómo se sienten y capacitarlos para saber traducir sus sentimientos.

Los niños emocionalmente inteligentes se sentirán seguros y disfrutarán de todo lo que les rodea mucho mejor. De lo contrario, si no les educamos en sus emociones, nuestros hijos podrían volverse vulnerables a los conflictos, sería más probable que perdieran el control o que tuvieran problemas de conducta. Por lo general, un niño que sabe expresar las emociones se relaciona con más facilidad, se siente aceptado y sabe trabajar en grupo.

¿Cómo puede mi hijo aprender de sus emociones?

La manera en la que podemos ayudar a nuestro hijo a expresar sus emociones es sintonizándonos con él. Si lo que queremos es que nuestros niños adquieran ese hábito debemos educarles en un ambiente en el que los sentimientos y las emociones se expresan abiertamente.

Obsérvale y escucha lo que dice, no descalifiques sus emociones ni las reprimas. ¿Qué estará sintiendo tu hijo? Hazle saber que estás entendiéndole. De este modo, reconocerá y entienderá que todos nos podemos sentir felices, tristes o con miedo en determinados momentos de nuestra vida. Y que, además, estas reacciones no deben causarnos dolor ni hacernos actuar de manera impulsiva. Todo lo contrario. Deben accionar nuestros mecanismos para enfrentarlas y saber controlar las reacciones que nos generan.

Háblale de tus propias experiencias. Para sintonizarte con tu hijo debes actuar como un espejo en el que él mismo pueda reflejarse. Cuéntale cómo resolviste esas reacciones, que muchas veces los niños dejan fluir de formas mucho más espontáneas y naturales.

Lista de cosas que les hacen sentir bien. Esto es una muy buena idea si tu hijo tiene algún conflicto emocional que está generándole emociones negativas constantemente y se sienten tristes, enfadados o tienen miedo a alguna cosa. En este caso, elabora con ellos una lista de cosas que les ponen de buen humor para atajar el tema de las emociones de forma divertida y alegre.

Como ves, uno de nuestros mayores retos como profesionales de la educación es ayudar a papás y a los más pequeños de la casa a saber identificar sus emociones y responder adecuadamente ante ellas. La educación es un proceso lleno de factores emocionales a los que hay que prestar especial atención, pues las emociones influyen -¡y mucho!- en el proceso educativo.

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